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En tiempos de COVID-19, un aplauso para celebrar la vida

Son cerca de 20 personas, de la Alcaldía de Medellín y la Gobernación de Antioquia, las que hoy comandan el día a día de este virus en el departamento.

Buena parte del éxito del manejo de la enfermedad, hasta hoy, se da gracias al trabajo exigente y articulado de estos profesionales de la salud.

Ellos no están en salas de urgencias, tampoco en Unidades de Cuidado Intensivo, mucho menos pasando ronda por la habitación de doña Fanny, don Óscar o María Adelaida, vigilando cómo evolucionan al contagio de SARS-CoV-2 o COVID19, para ser más exactos. Ni siquiera hacen parte del personal de salud al que este virus afectó por azar o, simplemente, en ejercicio de su profesión.

Ellos, como otros tantos que van por las calles vestidos de blanco atacados por la ignorancia de quienes creen que un uniforme es igual a cargar la etiqueta de contagiado, trabajan de manera incansable por contener un virus devastador que ha puesto al mundo entero de cabeza.

No son héroes anónimos, son valientes médicos, enfermeros, enfermeras, nutricionistas, expertos en sistemas de información en salud, que lejos de ventiladores mecánicos y trajes, que parecieran requisito para viajar a la luna, protagonizan el comportamiento de una pandemia que en Antioquia ha dejado, hasta ahora, resultados favorables.

Armados de computadores y con teléfono en mano, los profesionales de la Sala de Análisis del Riesgo, SAR, saben con nombre, apellido y ubicación, quiénes son esas personas que, a la fecha, han contraído el virus en el departamento. Incluso, conocen de manera detallada los contactos cercanos de esos pacientes que, posiblemente, también pudieron haberse contagiado. A todos ya los pusieron en cuarentena y les hacen seguimiento permanente.

“Montes, ¿un tintico?”

Saludar así a Montes, a Velásquez, a Toro, a Gallego, a Vanegas, a Rodríguez y a los demás compañeros, ya se ha hecho costumbre en los más de dos meses que estos 20 profesionales han vivido en el piso 12 de la Gobernación de Antioquia. Y es que, literalmente, han vivido porque la Sala de Análisis del Riesgo se convirtió en un hogar para ellos. Allí las 24 horas del día, los siete días de la semana, son responsables de la variación de la data que registra el comportamiento del COVID-19 en Antioquia.

Ningún día es como el anterior, eso sí, todas las mañanas empiezan con la identificación de casos, esa es regla de oro. “Cuántos casos hay para analizar, el paso a paso, dónde están, con quién viven, adquirir toda la información necesaria, dar las recomendaciones de aislamiento, entrevistar a cada paciente, hacer seguimiento a los hospitalizados, la vigilancia de los casos uno a uno”, explica Martha Londoño, epidemióloga.

En la sala que solo permite el acceso a personal autorizado, cada uno tiene su función bien definida, incluso, cuando se trata de activar los Equipos de Respuesta Inmediata, ERI, en el lugar que se requiera para garantizar la investigación y generar, a la mayor brevedad, el cerco epidemiológico alrededor de un caso confirmado como positivo. “En los tableros de la sala cada uno es responsable de los casos, de sus contactos, de hacer seguimiento a la toma de muestras, a los resultados, a cada uno de los recuperados, a los sintomáticos, a los positivos y a los negativos”, aclara la epidemióloga Margarita Rosa Giraldo.

Además de perder la noción del tiempo, el trabajo articulado entre Medellín y Antioquia ha hecho que en la sala desaparezca esa clasificación de profesional de la Secretaría de Salud del municipio o el departamento, “trabajamos en equipo, nos repartimos los casos. Medellín está empoderado de su municipio, sin embargo, cuando es necesario apoyar a Antioquia lo hacen o cuando requieren que apoyemos a Medellín, lo hacemos. Es indistinto, la unión es la que está trabajando en la sala”, apunta César Toro, enfermero.

De Antioquia para el país

No hay tiempos, no hay horarios, no hay claridad de la hora en qué terminará la jornada. Aquí, en esta sala, la mayor certeza llega al final de la tarde con la data del consolidado de casos del día, “los que egresan como recuperados, los que están en condición de hospitalizados, el número de hombres, de mujeres, de casos activos. Toda esta información se organiza, se documenta y se da a conocer en las reuniones nacionales, de Medellín y Antioquia”, dice Londoño.

Agrega la epidemióloga, que esa misma evaluación es la que se hace en lo que ella decidió bautizar como el ‘examen con el señor Gobernador’, en el que Aníbal Gaviria recibe información de primera mano para hacer seguimiento, conocer, evaluar y cuestionar, lo ocurrido durante el día y de manera acumulada, con el COVID-19 en el departamento.

Evaluar, analizar y revisar son los verbos más conjugados en la sala, incluso, cuando las noticias no son tan favorables. En el contexto de este coronavirus, los fallecimientos son asunto indisoluble, por eso, cuando uno de ellos aparece “se hace una unidad de análisis en la que participa toda la sala. Igualmente y con alguna periodicidad tenemos reuniones técnicas con la Sala de Análisis del Riesgo del Instituto Nacional de Salud, donde nos dan línea técnica y nos revisan el seguimiento de cada uno de los casos. También, nosotros mismos revisamos conceptos técnicos y situaciones académicas necesarias para fortalecer el conocimiento y estandarizar la información”, señala Londoño.

Un aplauso por la vida

En su experiencia como clínicos, estos médicos, enfermeros y enfermeras saben muy bien lo que significa una hospitalización, una estancia en Unidad de Cuidado Intensivo, UCI, incluso, la muerte. En Antioquia, el COVID-19 ya ha cobrado seis vidas, por eso, cuando se siente un sonado aplauso que retumba los rincones del piso 12, la euforia es total porque da cuenta de pacientes que superan la hospitalización general o que de la UCI pasan a habitación. Es el santo y seña de la recuperación en tiempos de pandemia. En esta situación no hace falta conocerse físicamente, basta con tener la confirmación a través de una llamada o en la base de datos, de que el señor de Envigado, la de La Estrella o el de Apartadó ya regresaron a sus casas. Las sonrisas se ven en las caras de todos.

Y si en la sala el aplauso es por la vida, aquí el aplauso también es para ellos porque Amparo debió separarse de su hijo, Omar dejar de tener conversaciones con su esposa, Rita dejar de cenar con sus hijos, Luis Fernando no acompañar a sus amigos en momentos de pérdidas, César descansar por momentos con su esposa sin despegarse del celular, Carlos no poder ayudar a Luciana y a Miguel con las tareas y Martha, no poder ver lo que le escriben sus hijas que viven fuera del país. A ellos también UN APLAUSO, de pie, que se escuche en los 125 municipios del departamento, porque su labor como comandantes de esta batalla deja resultados increíbles frente a la historia de una pandemia que nos cambió la vida.

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