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Entre socavones y café

Bertulfo López vive más debajo de la tierra que encima de ella. Tiene 67 años y se siente orgulloso de decir que es minero desde los 20. Era agricultor, pero desde que conoció este trabajo no fue capaz de salir. Ha dormido en socavones y le preocupa poco que la muerte lo coja desprevenido.

Sus seis hijos: tres mujeres y tres hombres, le siguen los pasos. Son mineros porque la sangre se los pide. Son descendientes de la tribu indígena San Agustín, quienes se dedicaron a explotar oro para mejorar su economía.

Bertulfo es oriundo del municipio de Donmatías. No conoció ni preescolar porque los ingresos de su familia solo alcanzaban para comer. Leer y escribir son habilidades que siempre quiso aprender pero el bolsillo no lo dejó.

Ha estado a 500 metros de profundidad de la tierra y no ha sentido pánico. Afirma que es muy precavido y anda con cuatro lámparas por si alguna se le daña en el camino. Disfruta ser minero, pero la ilegalidad fue uno de los obstáculos con los que se tuvo que enfrentar. Creía que con esa actividad no contaminaba el medio ambiente porque hacía sus necesidades en la casa y no dentro de la mina. El trasfondo era mayor y la Gobernación de Antioquia le enseñó que los árboles, los ríos y demás recursos naturales recibían las consecuencias de extraer minerales “por debajo de cuerda”.

La formalización de su labor minera ha hecho que no tenga que arriesgar su vida. Le gusta su trabajo, pero se sentiría mejor si con este no le hace daño a nadie. No descarta la opción de dedicarse de lleno a la agricultura.

Comenta que el único trabajo que no se enseña, es a ser campesino y esa idea concuerda con la del gobernador de Antioquia, Luis Pérez Gutiérrez. No fue necesaria la escuela para ser un experto en producir café.

A la Gobernación de Antioquia le agradece la inversión que ha hecho en el mejoramiento de las vías de su municipio. Puede transportar lo que cultiva y aumentar sus ingresos. Piensa en grande a pesar de que dice que tiene “orden de captura del cementerio”.

Anhela que toda la actividad minera se formalice. Quiere ganar dinero, pero hacerlo por las buenas. Ni se había dado cuenta el daño que le estaba haciendo al medio ambiente. Se enteró de esto, a través de la Secretaría de Minas de la Administración Departamental. Vino a conocer un diploma cuando el Gobernador de Antioquia se lo entregó por alejarse de la informalidad. Siente que en ese papel plasmó más que una primaria, secundario o universidad. Fue honesto con sus principios y contribuyó con el desarrollo de su Donmatías. Seguirá viviendo entre socavones y café. Sabe que el tesoro más preciado está en su compromiso social. Medellín, 13 de julio de 2017

Escrito por: Érica Yasmín Zapata Vásquez
Revisó: Jorge Alberto Velásquez

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