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Con la sangre blanca y verde

Se le entrecorta la voz cuando le pregunto cómo llegó a Belén de Bajirá. No fue traído por sus padres ni vino por decisión propia. Nació aquí y la tierra no solo la tiene metida entre las uñas sino en el corazón. Ama este lugar y se emociona hablando de sus riquezas, porque sabe que está en territorio antioqueño.

Rubén Antonio Durango “habla más que un recién liberado”, y es que le faltan palabras para describir la alegría que siente desde que pisó este corregimiento. Se crió con sus siete hermanos y hoy levanta a sus dos hijos con enseñanzas como aprender a cantar el Himno Antioqueño o reconocer los colores de la bandera. El cacique Sancocho fue el que le vendió el terreno a su abuelo en 1970. Desde ese momento la familia tienen muy claro que aunque están cerca al Chocó, Antioquia es su madre adoptiva.

Rubén Darío recuerda que los únicos juguetes con los que se divertía en su infancia eran unas banderas pequeñas que le dio su abuelo. De color blanco y verde, es decir, los colores de Antioquia.

Él vive en el límite entre este Departamento y El Chocó. Lo único que separa su casa de ese territorio son unos pequeños postes de cemento. Cuando tenía siete años saltaba de un lado al otro, sin saber la problemática que más adelante causarían estos hitos fronterizos.

Jugaba con sus vecinos chocoanos y hasta les prestaba su bandera de Antioquia. Hoy, esas anécdotas parecen imposibles de repetir. Aunque quiere que Belén de Bajiá siga siendo de Antioquia, no desea que este sea motivo de separación con sus vecinos. “Estamos luchando por una identidad y no contra los chocoanos”, afirma mientras agarra un machete para seguir sembrando algunos palos de plátano. Entre palmeras que logran tapar todo el frente de su casa, se destaca un lema que dice: “ Bajirá es Antioquia porque olemos a montañas”.

Se siente orgulloso cuando habla de su formación académica. En 1980 su familia fue desplazada por la guerrilla y ni tiempo de sacar “los chiros” les dio. Él se fue caminando hasta Medellín donde acabó el bachillerato y estudió Ingeniería Agropecuaria, con ayuda de la Gobernación de Antioquia.

Después de ocho años regresó a Belén de Bajirá. Allí todo permanecía en el lugar donde lo había dejado. Se reencontró con su familia y continuaron con su tradición agrícola. Sin embargo, su padre no se fue con ellos durante el tiempo de desplazamiento por defender sus tierras antioqueñas. En esa defensa perdió la vida. Rubén siente que la muerte de su padre sería en vano si Chocó queda como dueño de Belén de Bajirá. “Mi viejo sí que era arraigado a estos cultivos, lloraba cuando eran dañados por alguna tormenta o por la intensidad del sol”. Rubén dice con orgullo que hasta el momento le ha cumplido a su padre; estudió, es un gran agricultor y le cuida las tierras por las que él dio la vida.

Dice que se derramó mucha sangre para que Belén de Bajirá fuera lo que es hoy: un territorio antioqueño que por su empuje motivó a que muchas personas del Departamento se asentaran allí.

Hoy sigue buscando las banderas que perdió cuando era niño, desea dárselas a sus hijos y quizás, así, ellos tengan el privilegio de llevar sangre blanca y verde hasta que se despidan de este mundo.

Escrito por: Érica Yasmín Zapata Vásquez
Revisó: Jorge Alberto Velásquez

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