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Sacrificios de color verde

Las alegrías que vivió durante su infancia con el Atlético Nacional las sufrió su estómago, porque la plata que le daban para comer en la escuela, la ahorraba para poder ir al estadio.

Toda su familia era hincha del Independiente Medellín y ese era el futuro que lo esperaba a él también. Sin embargo, el verde lo atrajo y aunque solo tenía cinco años cuando tomó esa decisión, afirma que estaba seguro de lo que hacía.

La plata del bus la invertía en las camisetas del Nacional y algunos afiches. Caminaba entre tres o cuatro horas hasta el estadio y cuando llegaba el cansancio no le impedía disfrutar de los enfrentamientos.

Entre una multitud de hinchas se destacaba Julián Esteban Morales, primero porque era un niño de siete años que no tenía un adulto a su lado y segundo porque lloraba todo el partido, a veces de alegría, o a veces de tristeza, por el resultado del enfrentamiento.

En una ocasión se le dañaron los zapatos para ir a la escuela, pero su mamá no sabía que ese desgaste provenía de las horas que caminaba hasta el estadio. Sin embargo, él sabía que debía ocultar la procedencia del daño para encontrar una solución.

Cuando llegaron al almacén, el niño vio una camiseta de Nacional y como nunca había tenido una “tan fina”, le dijo a su mamá que con la plata de los zapatos se la comprara y así fue. Sabía que seguiría yendo con los zapatos rotos, pero sentiría a su equipo más cerca.

Su familia no tenía los recursos suficientes para pagarle una escuela de entrenamiento deportivo para que él aspirara a ser un futbolista profesional. Ahora es Farmaceuta.

Escogió esta carrera para poder conseguir la plata suficiente para ir al estadio. Suena loca la idea, dice él, pero con esta profesión el dinero le ha alcanzado para no perderse casi ningún partido.

En sus 32 años, las novias que ha tenido se cuentan con una sola mano, porque su amor siempre lo ha enfocado en Nacional. Un tatuaje en el antebrazo izquierdo con una frase representativa del equipo, así lo testimonia.

Los mejores momentos de su vida los relaciona con las copas ganadas por el equipo verde. Incluso, el día de su cumpleaños, dejó a su familia plantada con la celebración para ir a ver una final del equipo en el Atanasio Girardot.

Reconoce que en la escuela y el colegio no fue el mejor estudiante porque se la pasaba pensando en esta pasión deportiva. No se concentraba cuando perdía y si ganaba mucho menos.

Cuando iba a los partidos sin permiso de sus padres, se cuidaba de que nada le pasara. Aunque tuvo que presenciar peleas entre hinchas, eso no fue impedimento para que siguiera yendo.

Ha conocido figuras del Atlético Nacional en medio de su trabajo actual. Aunque hay mucha diferencia entre ser futbolista profesional y vender medicamentos, ama su trabajo porque ha sido un medio para seguir soñando, así sea desde las tribunas.

Está feliz porque la Gobernación de Antioquia condecoró al Verdolaga, sabe que se lo merece, porque como él, son jóvenes luchadores que por su talento llegaron lejos. Se siente bien recompensado con verlos jugar y en eso quiere seguir basando su vida: trabajar para recetarse una buena dosis de felicidad.

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